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17/02/2008 - POSTERGACIÓN

La noticia, la mala noticia, es tan reciente como de ayer mismo: el Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales se implantará en Zaragoza, acuerdo que va contra toda lógica científica y económica, ya que la Facultad de Ciencias Ambientales se ha decidido -milagrosamente- que se instale en Huesca. Con esta medida, que se une a la negativa anterior de implantar en Huesca el Grado de Turismo, pese a que la provincia altoaragonés reúne a casi la mitad de las plazas hoteleras de la comunidad y tiene unas buenas raíces docentes, se priva a la capital oscense y a su entorno de un foco de ciencia y progreso..
La cuestión viene ya de lejos, porque el Instituto de nueva creación reúne una serie de proyectos que venían desarrollándose desde tiempo atrás dirigidos por investigadores en su mayoría zaragozanos y que se plasmaron en la reunión del Consejo de Gobierno universitario en una reunión celebrada en Teruel en Julio de año pasado. La inercia del proyecto no permitía barruntar otro resultado distinto al acordado sibilinamente ahora, cuando el Rector Pétriz ya está en funciones, hay unas candidadturas cuyo éxito depende de la gran masa de electores de los centros universitarios de Zaragoza y estamos metidos en una elecciones generales que marcan dónde hay que invertir y qué acciones acometer. Pero como fondo de la cuestión hay que tener bien claro que la Universidad de Zaragoza es de un centripetismo avasallador, y que solamente la actuación decidida del Gobierno de Aragón con sus contratos-programa y su influencia política han permitido una cierta descentralización universitaria en Teruel y Huesca, muy lejos de la actuación de otras comunidades como Andalucía o Castilla-La Mancha.
Este episodio, que no tiene un gran calado dimensional, pero sí es muy elocuente sobre la tendencia centralizadora del estamento universitario zaragozano, viene precedido de un largo rosario de actuaciones, unas directas y otras inducidas, que se remontan a los tiempos del tardofranquismo, cuando se desarrolla el Consejo de Investigaciones Científicas y otros organismos investigadores. Así, en Aragón quedaron residenciados el Instituto Pirenaico de Ecología en Jaca -que pronto sería medio desmantelado para trasladar parte a Zaragoza-, el Centro de Protección Vegetal y el de Técnicas Agrarias, ambos en Montañana, la Estación de Viticultura y Enología y el Centro de Selección y Reproducción Animal en Movera, el Centro de Investigación y Tecnología y el de Semillas y Plantas de Vivero, en el mismo Zaragoza, el Intituto de Carboquímica, el de Ciencia de Materiales, la sede territorial de Instituto Geológico y Minero, el conjunto de departamentos de investigación del "Aula Dei" que emplea a casi doscientas personas y un largo etcétera de centros de investigación. Esto está muy bien y todos nos alegramos mucho por tener en nuestra capital regional ese potencial investigador que, en una buena parte concierne a la biología en su más amplia acepción. Pero del mismo modo que muy recientemente se ha creado en Teruel el Centro de Cultivos Agroenergéticos con una importante inversión y, sin duda, porque los recursos bioenergéticos son abundantes en la zona, deberían tenerse en cuenta los factores positivos que concurren para situar en Huesca el Instituto de Ciencias Ambientales, aprovechando la capacidad investigadora del personal docente de la Facultad que se crea y también la que tiene la Escuela de Ingenieros Agrónomos, que desarrolla desde hace muchos años importantes líneas de investigación.
Los avances en las tecnologías de la comunicación han roto las barreras tradicionales que impedían que determinados servicios, instituciones o actividades se dispersaran por el territorio. La mejor prueba está en los proyectos conjuntos de centros de investigación distantes entre sí miles de kilómetros.
Por otra parte, frente a la tendencia a la concentración urbanística y de servicios, existe una universal conciencia de la necesidad de mantener una relativa igualdad en la percepción de rentas y prestación de servicios, como consta en todas las declaraciones programáticas de todos los gobiernos del universo mundo. También lo ha hecho en reiteradas ocasiones el Gobierno de Aragón y ha actuado en dicho sentido. Ahora tendría una magnífica oportunidad para, sin merma de la autonomía de la Universidad, hacer prevalecer lo que es racional y equitativo.

 

 

 


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© Leon Buil Giral