Que nadie se asuste ni se inquiete, porque no se pretende hacer llegar a Rodríguez Zapatero unos consejos al estilo de los ilustrados y arbitristas, sustituyendo a los numerosos asesores y a sus propios ministros que, sin lugar a dudas, pondrán todo su conocimiento y entusiasmo para vadear los difíciles problemas que se le vienen en cascada al presidente del gobierno.
Y es que, después de un período de gracia, en el que todo parecía sonreírle, y una segunda etapa más áspera coincidente con su revolución orgánica en la configuración del gabinete y las propuestas extemporáneas o meramente efectistas alimentadas por algunos miembros del nuevo gobierno y las sucesivas medidas adoptadas con desigual éxito para contrarrestar la crisis económica, con la llegada del otoño los problemas se han multiplicado presentándose superpuestos en el tiempo, hasta el punto que quizá por primera vez desde que tiene las responsabilidades de gobierno, se ve a un Rodríguez Zapatero firme pero profundamente preocupado, teniendo que salir en auxilio de Maria Teresa Fernández de la Vega, ostensiblemente agotada, para aclarar el cúmulo de asuntos desagradables que se plantean. Y aunque Moratinos ha ocupado el centro de atención ...
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